Mosh Radio recorrió la primera edición de la exposición que se desarrolló en la Casa Municipal de la Cultura de Almirante Brown y encontró una alternativa distinta para entretenerse en vacaciones de invierno, sin amenazar la golpeada economía familiar.

Feria del Libro

En tiempos de tarifazo, inflación e incertidumbre laboral, las vacaciones de invierno aparecen en el calendario como una amenaza al bolsillo.

El desafío es doble: hallar actividades que sirvan como entretenimiento y que a la vez no golpeen de más a la economía familiar. En ese marco, la primera feria del libro de Adrogué, que tuvo lugar entre el 18 y 24 de julio en la Casa Municipal de la Cultura de Almirante Brown, surgió como una alternativa que llenaba ambos casilleros.

Con entrada libre y gratuita (al menos hasta que quede derribado el paradigma de la gratuidad en los servicios, ahora puesto en debate), el municipio puso a disposición una variada oferta de actividades, principalmente orientadas a chicos, para entretener en una tarde. Pasá y mirá, que afuera está fresco.

Dos horitas. Ese es el tiempo que basta para recorrer los 30 stands y presenciar algunos de los espectáculos que forman parte de la puesta en escena del evento.

La distribución de los contenidos parece esconder un mensaje subliminal. En el ala derecha está la opción cultural extranjera, lo más salvaje del capitalismo. En el sector izquierdo, la variante autóctona, lo nacional y popular.

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Primero giramos a la derecha para estar a tono con los tiempos que corren en el mundo. Allí podemos encontrar de todo, mini libros tamaño perro de Moria Casán, manuales de Feng Shui y los stands típicos de novelas foráneas.

Dos por 100 pesos, la mejor oferta. Uno de Stephen King, como muy poco a 180. Mejor seguimos. Hollywood desborda las estanterías. Los niños enloquecen en el espacio de juguetes y revistas infantiles. Uno se lleva unas figuritas del Hombre Araña. No, mejor las de Pokemón, esas están en onda. No, mejor las dos. La escena se repite como en una novela de Pol-Ka, varias veces.

Salimos de la extravagancia extranjerizante y nos metemos en el lado opuesto, en el que impera la sobriedad. Están presentes todas las patas de una buena doctrina peronista.

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Por un lado, el espacio teórico de cafetín, con toda la bibliografía de Norberto Galasso y lo último de Víctor Hugo Morales para estar informado de la actualidad.

“Volvimos al pasado”. “Los argentinos no aprendemos más”. Típicas frases que se pueden escuchar allí, aunque se sostiene el optimismo: “Esto sirve para concientizar a la gente”.

A un lado, los stands municipales de Lomas de Zamora y Esteban Echeverría. La praxis de los intendentes. Más allá está el sitio de poesía nacionalista progre, con literatura de rock incluida. Y no puede faltar el lugar para la guía moral de la Iglesia, difusión a cargo de la Asociación Escuela Científico Basilio.

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Desde el centro

El centro de la sala contiene espacios varios. El lugar para la exposición de autores locales. El sitio hippie vintage con una carpita para que los niños se tiren a dibujar. Y el rincón de los juegos de mesa, como el Combate de San Lorenzo, una pieza interactiva que recrea el bautismo de fuego de San Martín y sus Granaderos, a 320 pesitos el modelos standard y 500 con todos los chiches.

El cenit de la visita es el espectáculo artístico en el escenario montado en la sala Raúl Soldi. Decenas de chicos y grandes pueden disfrutar de una curiosa representación. Una suerte de Toty Flores hace de conductor, invitando a los audaces a mostrar sus talentos.

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Luego viene la obra, que cuenta con una gama de personajes indispensables para un buen show: el rey, la princesa, la bruja, el bufón, el Padre Francisco, la cantante, la capitana y las paquitas.

Hay algunas fallas técnicas, la cantante se olvida la letra del Reino del Revés y todos actúan como si no hubieran leído el guión. Pero le ponen onda y los chicos se prenden.

El argumento de la obra es típico; la princesa se quiere casar, pero el rey no la deja a menos que sea con un príncipe. Entonces manda a la capitana con sus paquitas a recorrer Latinoamérica, pero no encuentra a ninguno, pues “aquí no hay príncipes”. De repente aparece uno, italiano él. Pero cuando va a pedirle la mano al rey, no lo hace por la princesa, sino (spoiler) por la capitana.

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Shock. Los niños no entienden nada. La bruja le hizo un hechizo, ahí está la respuesta. No hay finales felices, hemos vivido una mentira. Pero entonces hace su aparición el sapo, que en realidad es un príncipe de Adrogué. La princesa lo besa, recupera su forma y se casan para poner fin al espectáculo. Todos contentos.

¿Es la obra una crítica al patriarcado, a la institución del matrimonio y al tradicionalismo de los cuentos infantiles? ¿Es una representación del triunfo de lo autóctono por sobre lo extranjero como mensaje para la Argentina contemporánea? A los padres poco les importa. El espectáculo dura una hora. Otra horita para recorrer los stands y tenemos una tarde de vacaciones de invierno con los chicos entretenidos con algo que no tiene una pantalla como soporte. Y encima es gratis. ¿Qué más?

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