Una noche envuelta en agua ardiante con Los Espíritus

Por Matías Lobo -La banda cerró su gira internacional con una fiesta de música y delirio en el Microestadio Malvinas Argentinas, ubicado en el corazón de La Paternal, hogar de nacimiento del grupo. (PH: BELU ARANDA)

Mientras el sol terminaba de esconderse, una voz en el megáfono invitó a los presentes a acercarse al patio exterior del lugar, donde los artistas invitados, Ensamble Muraturé junto a Gali Dundun Camara, dieron un pequeño agasajo a aquellos impacientes, que dentro se volvería a repetir con una agrupación aún mayor, transformándose en un carnaval de bombos, congas, bongós y tambores que se mezclaban en una armonía frenética que acercó a sus testigos al medio del campo a danzar al son del ritmo africano.

La ansiedad luego de este espectáculo se hizo presente, los cánticos de la gente acompañaron el momento en que se apagaron las luces, que se volverían a encender como un manto de color rojo sobre las más de 4000 cabezas que ocupaban el campo, al mismo tiempo que las primeras notas de Huracanes comenzaban a sonar por parte Los Espíritus, junto a aquella llamarada navegando entre aguas mostrándose en la pantalla.

La banda cerraba esa noche su gira Agua Ardiente 2017, con la que desde junio entonaron sus canciones por Buenos Aires y el interior del país, Chile, Uruguay, Colombia, Costa Rica, México, España y Francia. Y después de recorrer el mundo qué mejor que terminar el recorrido en el mismo lugar donde todo comenzó, ahí en el barrio de La Paternal, con un recital de otro mundo.

La crecida fue la secuela del primer tema, seguido de El viento del disco Agua Ardiente, que sería protagonista del concierto incluyendo todos sus temas en el repertorio, continuando con La Mirada y Perdida en el fuego, cantadas a todo pulmón por las almas debajo del escenario. Los músicos interpretaron también algunas de sus más memorables canciones de discos anteriores: El perro viejo, Negro chico, Jesús rima con cruz, El gato, entre otros, sin olvidar tampoco Marihuana, de su reciente lanzamiento Guayabo de Agua Ardiente.

A la banda liderada por Maxi Prietto se le unieron además en este viaje el percusionista Francisco Paz, Saúl Correa en los bongós, llegado desde Medellín, Tulio Simeoni de La Patrulla Espacial, Tomas Vilche de Los Buyines, y Walter Broide de Poseidotica.

El ambiente en el lugar era de fiesta, baile, hermandad y amor. Vamos a la luna se extendió con una larga introducción instrumental, que hacía imposible el quedarse quieto, transformando el público en un mar de aguas turbulentas, terminando con el unísono de las voces que se encendió aún más fuerte para recitar “el amor puede llegar… si nuestros corazones se encuentran en paz”.

Con esta atmósfera de locura, mientras sonaba Las armas las carga el diablo, Prietto aprovechó para cambiar ligeramente la letra y agregar “…y las descarga algún gendar’ ” despertando los silbidos de los oyentes en forma de repudio a las fuerzas represivas del Estado en vista de los casos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

Luego de dos horas y media de haber comenzado el espectáculo, los saltos y la alegría llenaron el campo al sonar Noches de verano, y terminaron transformándose en un agite cuando los músicos cerraron con La rueda, la cual se materializó en carne y hueso frente al escenario, despidiendo a una de las mejores bandas porteñas de los últimos tiempos. Pero al igual que esa rueda que mueve al mundo, esta no va a dejar de girar y girar.

 

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