El inventor, Maurice Ward, murió en 2001 sin develar el misterio del material que creó en la década del 80′, derivado de un intento fallido de producir capós plásticos para la firma Citröen. Durante mucho tiempo fue probado por sopletes y hasta ensayos atómicos, y siempre se mantuvo frío al tacto. 

Un invento revolucionario que podría haber hecho al mundo más seguro. Así fue definido el Starlite, un material resistente al fuego y las altas temperaturas, cuya fórmula se desconoce.

Fue el británico Maurice Ward, un expeluquero y científico aficionado, quien comenzó a darle forma a la idea a mediados de los 80′. Todo comenzó con un intento fallido de producir capós plásticos para la firma Citröen. Las piezas fueron granuladas y estuvieron depositadas en un cesto de basura hasta que en 1985 un avión se incendió en un despegue fallido en Manchester.

El siniestro que se cobró la vida de medio centenar de personas despertó su interés y se propuso crear un material resistente al fuego y a las altas temperaturas.

Ward empezó a experimentar mezclando y fundiendo aquel material que había quedado como desecho. Ensayó con diferentes fórmulas y fue descartando las que no le convencían hasta quedarse con unas pocas muestras.

Así obtuvo un material que cuando fue probado con un soplete no solo logró resistir una temperatura de 2.500 grados centígrados sino que permanecía frío al tacto.

En 1990, el invento llegó a la televisión. En el programa de la BBC Tomorrow’s World, el presentador Peter McCann sometió un huevo recubierto con starlite a la llama de un soplete.

El material no emitió ningún humo tóxico y el huevo no sólo no se quemó, sino que se mantuvo aislado del calor y al romperlo se vio que estaba crudo.

El starlite se mantuvo intacto tras haber sido sometido a ataques nucleares.

Otras pruebas más sofisticadas y rigurosas confirmaron las potencialidades del invento.

El Establecimiento de Armamento Atómico de Reino Unido, en la isla de Foulness, recubrió un huevo y lo sometió a una simulación de destellos nucleares, con una temperatura equivalente a 10.000 grados centígrados. Los resultados fueron asombrosos. Mientras que muchos materiales se vaporizan al superar los 2.000 grados, el starlite se mantenía intacto.

En 1991, una muestra de este material fue sometida a un ataque atómico en una planta de ensayos nucleares en Nuevo México, Estados Unidos. Y luego otra prueba realizada en Foulness demostró que el starlite había sido capaz de resistir una fuerza equivalente a 75 Hiroshimas. Estos resultados despertaron el interés de la NASA y de empresas como British Aeroespace (BAe) y Boeing, entre otras. Ninguna negociación para adquirir la fórmula rindió frutos.

Las crónicas de la época dan cuenta de condiciones extraordinarias impuestas por Ward. Este inventor aficionado estaba abierto a trabar asociaciones, pero quería mantener el 51% de la propiedad. También exigía que los asociados firmaran un acuerdo en el que se comprometieran a no plagiar la fórmula y a no intentar descubrirla a partir del examen del material y sus componentes.

Ward murió en 2011 sin haber comercializado ni patentado su creación. En su momento dijo que además de él, un miembro de su familia conocía la fórmula del starlite. La identidad del custodio de su secreto se desconoce y no son pocas las empresas que lo buscan.

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