Relato de un abrazo interrumpido en El Barrio Cultural

Agentes del Municipio de Lanús pertenecientes al área comercial y personal uniformado, cuya única identificación era un arma de fuego en la cintura, ingresaron para clausurar un centro cultural donde se respira arte, donde se nuclea la autogestión y diversas formas de hacer, de ser.

Me gusta hacer que los espacios que circulo y de los que formo parte, remitan a un  hogar (con todo y sus reglas) y que quien me visite así lo sienta. Miro a los ojos, abrazo, comparto la comida y siempre tengo el mate preparado.  En esta, como en toda casa, se nuclean personas, nacen historias, se sueñan proyectos, se concretizan ideas, se muestran logros, se vinculan personas e ideologías, que se escuchan y al menos intentan entender la otra mirada.

Hoy mi casa fue simbólicamente violentada, fue títere de la burocracia y del show de la política. Agentes municipales del área comercial y personal uniformado, cuya única identificación era un arma de fuego en la cintura,  ingresaron para clausurar una casa donde se respira arte, donde se nuclea la autogestión y diversas formas de hacer, de ser.

El funcionario fue muy claro, hoy tengo que clausurar me dijo. Que la orden vino de arriba, y lo entiendo, es un trabajador más en esta vida. Lo que me desconcierta en esta lógica municipal es que hace meses venimos mediando con el área cultural para regular nuestra casa y lograr que esta y tantas otras sean reconocidas  como espacios culturales.

Qué fue, entonces, de las charlas con los concejales del oficialismo y el subsecretario de cultura, encargados de defensa civil y seguridad e higiene, en donde todos los que estábamos sentados alrededor de la mesa compartiendo el mate teníamos en claro que nosotrxs, y muchos otrxs, existimos, hacemos actividades, disfrutamos de reunirnos y de celebrar los encuentros.

  Somos, y aunque no había un casillero que nos enmarque legalmente, empezamos, y crecimos. Porque el arte es así, crece, se expande, muta, trasciende, revoluciona. Nos comunicamos y nos organizamos. Pedimos la regulación, trabajamos párrafo a párrafo con los funcionarios competentes a nuestra área para generar la ordenanza que permita a los que ya somos, y los que vendrán, podamos ser dentro de un marco legal que nos contenga, regule y proteja.

Hoy todo ese trabajo y acuerdos previos fueron ignorados, ninguneados y avasallados, cuando el área comercial toca el timbre de mi casa. Redoblando la apuesta porque  no llega sola, llega con las fuerzas de seguridad para teñir la escena de azul. Y además sin ningún tipo de permiso, ni mío ni de una autoridad pertinente, pasean sus botas por la galería y el galpón, interrumpiendo los juegos de lxs niñxs, evocando épocas nefastas a los mayores, desconcertando a cada persona que estaba haciendo uso de su libertad de elección de frecuentar un lugar donde el amor y el respeto son fundantes.

  Entonces, ¿qué nos  quieren demostrar? ¿Cuál es el mensaje que el aparato municipal, con todas sus estrategias marketineras nos quiere mandar?  El miedo es la primer respuesta. Y si, admito que tuve miedo, por mi, por todas las personas que había en mi casa, que vinieron a disfrutar con sus pares, familias y amigxs de la noche, a fomentar la cultura en todas sus expresiones, a compartir un momento de diversión. Tuve miedo por  por las casas de mis hermanxs, donde a esa hora también se estaban haciendo actividades, autogestionando su subsistencia, bancando el arte popular y en los barrios. Porque si hay algo que tenemos claro dentro de toda esta ilógica situación, es que si nos tocan a unx nos tocan a todxs.

Entonces al miedo y desconcierto que quisieron imponer le sobrevino  la organización y el debate, los abrazos que daban fuerzas, los mensajes que alentaban, las mirabas que ardían en preguntas. Como ciudadanos no quisiéramos pensar que entre los distintos sectores municipales no mantienen comunicación y trabajo articulado entre ellos. Que lo que un área articula la otra lo inhabilita. Que se rigen por criterios aleatorios o peor aun, que responden a intereses financieros para asegurar que los que mas tienen, mas tengan. Que no nos reconocen ni respetan como artistas activos de la escena cultural actual en el barrio de Remedios de Escalada.

Por eso antes que suponer preferimos actuar; cantar, bailar, pintar, reir, enseñar, crear. El lunes el barrio cultural y todos los espacios culturales  necesitan que te involucres, que defiendas esa sed de ser distintx a lo que impone este sistema que no nos representa. Abracemos mas fuerte que siempre al barrio, que esa fuerza llegue hasta el otro lado de las vías, que en cada espacio se movilice la incomodidad de ser condenados al disfraz o a la clandestinidad. Exigimos como actores sociales y culturales una reunión con los funcionarios a cargo de estos arrebatos a las instancias por ustedes delineadas y claridad en los procesos, para poder culminar con el trabajo de constitución de la figura de  espacio cultural para la continuidad, regulación y protección de las casas de arte, de canción, de poesías, de silencios y de amor, que tanto necesitamos en estos fríos tiempos del cambio.

Vanesa Rositto, parte de El Barrio Cultural.

El Barrio Cultural